Es el socialismo una religión cristiana?

Una religión es la unión de un sistema moral con la creencia en una entidad superior.

Si el socialismo es una rama del cristianismo deben cumplirse dos condiciones: comparte la mayoría de la moral cristiana y propone una deidad o ente superior a la que sus fieles puedan dirigir las plegarias.

Comencemos por enumerar cuáles son las características principales del cristianismo:

  • Ascetismo: Sabemos casi con certeza que Jesús pertenecía a la secta judía de los esenios. Esta secta practicaba el ascetismo, es decir, la privación de placeres que alejaran el alma de Dios, pero también de todo bien material que no fuera absolutamente necesario.

  • Humildad: Cuando se ingresaba en la secta se entregaban todas las posesiones para el reparto de bienes entre sus componentes o entre los pobres. Esta obligación moral se extendía más allá de los miembros de la secta: Se predicaba el agrado con el que Dios veía los gestos generosos que cualquier individuo tuviera con los pobres.

  • Pobreza: La acumulación de riqueza es intensamente rechazada por el cristianismo. Basta recordar la sentencia de Jesús “es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos”.

  • Servidumbre: Los cristianos deben servir a su señor y someterse a su ley.

  • Amor al prójimo: Se predica el amor que se debe sentir por nuestros semejantes. Los cristianos llamaban a sus iguales “hermano”, expresión que refleja la intensidad acentuada con la que se ama a un semejante aunque no comparta lazos de sangre.

  • Rechazo al comercio: Este valor cristiano no es muy conocido, pero tiene mucho peso en la narrativa bíblica y forma un buen pegamento que liga los valores de humildad y pobreza. Los esenios tenían una interpretación propia del sexto mandamiento “No robarás“, en la que se incluía también “No comerciarás“. Para ellos el comercio y robo eran lo mismo. Una expresión de este rechazo al comercio se observa en el momento que Jesús entra en el templo y se lo encuentra lleno de comerciantes. Según la biblia, monta en cólera y los expulsa del templo puesto que estaban pecando “en la casa del Señor“.

  • Juicio Final: En el fin de los tiempos habrá un último juicio para el que deberemos de estar preparados y haber llevado una vida libre de actitudes pecaminosas.

Valores socialistas

El socialismo del XVIII y XIX, como doctrina política, surge en medio de la batalla entre el antiguo régimen, aristocrático, defensor de la permanencia de una estructura de poder basada en derechos adquiridos por nacimiento, y la corriente ilustrada liberal, burguesa, contraria al estado (símbolo de represión y tiranía) y defensora de las libertades individuales.

Entre estas dos opciones existía espacio para una combinación adicional: aquella que defendía un estado poderoso pero bajo mando plebeyo, invirtiendo la jerarquía de poder. Ésta fue la opción socialista.

La integración del socialismo con la moral cristiana fue decisivo para su propagación entre una población mayoritariamente creyente. La defensa del más débil, la exaltación del oprimido como virtuoso, el rechazo al rico y al comerciante formaban ya parte de la moral imperante.

Veamos cómo encaja la moral cristiana dentro de la narrativa socialista una vez que se le añade un componente: la imposición de sus preceptos morales a toda la sociedad.

  • Obligación de reparir los bienes: La consecuencia directa ha de ser el rechazo del capitalismo (doctrina por la cual los individuos son dueños del fruto de su trabajo). Bajo el socialismo el fruto del trabajo de los individuos ya no les pertenece, sino que se entrega a un ente superior (el Estado) que se encargará de repartirlo de manera justa, análogamente a como los esenios entregaban su patrimonio a la secta.

  • Desprecio hacia los ricos: La abolición de la propiedad privada es la solución que mejor encaja para este mandato. Al eliminar la propiedad privada nadie puede disponer de riquezas o acumularlas, llevando a la desaparición de los ricos.

  • Rechazo del comercio: Para los esenios no se pueden separar comercio y robo. De manera análoga, desde un punto de vista socialista el empresario que comercia explota a su trabajador al no retribuirle el importe íntegro obtenido de la venta del producto fruto de su trabajo. Es decir, le está robando.
    Como los trabajadores están obligados a trabajar para un empresario surge entonces la narrativa oprimido-opresor: el trabajador proletario está oprimido por el empresario opresor.
    La solución socialista para cumplir este mandato es directa: control estatal de los medios de producción y la fijación de precios.

  • Renuncia de placeres: Una vez que el Estado controla los medios de producción está en posesión absoluta de los bienes a los que tendrá acceso la población. Será entonces el estado quien decida qué bienes serán necesarios para la población. El resto de bienes no producidos caerá en la categoría de lujoso e inmoral por no ser de necesidad para el pueblo. Es decir, se impone el ascetismo.

  • Amor al prójimo: Sólo entre los que profesan el mismo ideario. Análogamente a como los cristianos muestran su amor llamándose entre ellos “hermanos”, los socialistas heredan este comportamiento agregador y unitario usando el término “camarada”.

  • Llegada del reino de los cielos en el fin de los tiempos: En la tradición judeocristiana hay continuas referencias a este futuro evento apocalíptico: habrá un juicio final donde todos serán juzgados y quedará instaurado el reino de los cielos. Es asombroso el parecido con la descripción de la revolución socialista que se profetizaba en el XIX y principios del XX. Cuando todavía el mundo no había conocido ninguna revolución socialista, éstos aseguraban una futura llegada de ésta. Sin precisar cuándo, afirmaban igualmente que estaba cerca. Cuando llegara castigarían a los malvados (burgueses) y se implantaría la “dictadura del proletariado“, cumpliendo el mandato divino de invertir la jerarquía de poder (“los últimos serán los primeros“). Y así llegaría la utopía socialista, el reino de los cielos en la Tierra.

Puede ser el socialismo una religión?

Hasta ahora hemos visto la relación entre la moral cristiana y la socialista. Sin embargo esto no es suficiente para calificar lo de religión. Cualquier doctrina política puede tener preceptos morales que coincidan con los de una religión. Esto mostraría una relación entre ambas pero no la convertiría de manera automática en una religión.

Cuál es el elemento ausente? La creencia en un ser superior. Un cambio vital entre el Antiguo y Nuevo Testamento es la evolución del Dios judío, castigador e implacable, hacia un Dios bondadoso y comprensivo, un padre que se preocupa por sus hijos. Él sabe lo que realmente necesitan y aunque sufran desdichas deben confiar que existe un motivo más allá de su comprensión porque “los caminos del señor son inexcrutables“.

Existe este elemento en el socialismo? La respuesta es un rotundo sí: el Estado. Al eliminar el individualismo mediante el control estatal, la vida de la población pasa a depender por completo del ente abstracto y superior que es el Estado. El individuo se somete al colectivo, de manera análoga a como los cristianos se someten y sirven a su señor.

Las plegarias ya no se dirigen hacia una divinidad sino hacia una maquinaria estatal, real, aunque igual de abstracta, y que difícilmente serán atendidas, sin duda porque “los caminos del Estado son inexcrutables”.

Los socialistas confían en el carácter paternal y protector del Estado, análogo al Dios cristiano. Debido a su bondad y sabiduría, el Estado está justificado para intervenir en todos los aspectos de la vida de sus individuos e imponer su criterio. Es menester confiar en la infinita sabiduría del ente que la imparte.

Socialismo como rama del cristianismo

Las diferencias entre cristianismo y socialismo son fundamentalmente dos:

  • Terrenalismo: El socialismo propone la llegada del reino de los cielos, en su forma de utopía social, por medios humanos sustituyendo a Dios por un Estado. De esta forma el Dios de la Biblia ya no es necesario puesto que existe un nuevo ídolo al que adorar creado por el hombre. La humanidad ya no depende del capricho de una deidad para ver la llegada del paraíso, sino que, aseguran, es posible que el hombre instaure el reino de los cielos en el mundo terrenal, en la realidad material.

  • Fanatismo: Es una componente presente en muchas religiones, adoptada también por otras ramas del cristianismo. El cristianismo primigenio predicaba sus enseñanzas del mismo modo que el resto de sectas judías (exceptuando los celotes): dentro de la esfera del individuo. Cada una de ellas difundía su interpretación de las sagradas escrituras y volcaban sus esfuerzos en convencer y atraer a más fieles. Sin embargo era decisión del individuo seguir o no los preceptos morales y mandamientos que defendían. Al fin y al cabo, el ser supremo impartiría justicia llegado el momento y castigaría a aquellos que se hubieran alejado de su senda.
    Al incorporar el fanatismo el individuo ya no dispone de libertad para decidir si se adhiere o no al club, esto es ahora una obligación y se impone mediante el uso de la fuerza. Aquellos que no profesen la misma fe deben ser convertidos o eliminados.
    El socialismo nace con esta idea y la mantiene a lo largo de su historia. En una sociedad liberal nada impide a grupos de personas asociarse en una comuna y organizarse como un colectivo socialista. Sin embargo esto no es una opción para el socialismo. La imposición de la fe al resto de individuos se convierte en algo moral. Su justificación surge de manera natural una vez que se elimina al individuo de la ecuación y se orbita en torno al colectivo: El individuo carece de importancia en tanto en cuanto ha “trascendido” a un estado superior sometiéndose al grupo. Son engranajes necesarios para hacer funcionar una maquinaria, el estado socialista, que actuará con voluntad propia, obligada a crecer y expandirse destruyendo a sus oponentes para cumplir su mandato divino: la implantación de la utopía socialista.